Por cierto, me he comprado una PSP, algo más en lo que gastar mi ya ocupadísimo tiempo.
Ah, y no me gusta demasiado el GTA.
Tantas opiniones y tan poco que decir.
No es la primera novela que leo del detective Philip Marlowe, ese prototipo de hombre duro, bebedor y solitario que siempre parece rodeado de mujeres fatales. Sé que a todo el mundo le encantan estas novelas y disfruta con este personaje, pero a mí no me acaba de enganchar demasiado. Tal vez sea porque lo he descubierto tarde y con demasiados detectives como éste ya vistos en decenas de libros y películas, o que me gusta que sean aún más cabrones. Y eso que el estilo de Raymond Chandler, aparentemente seco y directo pero de gran carga entrelineas me encanta, pero sus novelas no logran engancharme. Y quizás menos aún en esta novela, que me ha parecido que esta realizada para lucimiento del protagonista como único proposito. Aunque puede que sólo sean sensaciones mías.
He cometido el peor de los pecados
Historia universal de la infamia resulta una muy interesante lectura en la que el escritor argentino Jorge Luis Borges nos cuenta la vida de siete personas que pasaron por la historia y serán recordados por sus poco honrosos actos. Billy el Niño, una pirata china, Mon Eastman... Este último es uno de los protagonistas de Gangs of New York, el que hacía una muesca en su bate cada vez que mataba a alguien.
Hunter S. Thompson es uno de esos autores a los que admiro, la capacidad para vivir una vida a la altura de sus metas y personajes es algo que merece mi respeto. Irónico, brutal, drogadicto, inteligente, violento, cerdo, consecuente... se le podría definir con decenas de adjetivos y siempre se me ocurrirían más.
Llevaba más de un mes sin pisar el cine. Rollos laborales aparte no había ninguna película que me interesase lo más mínimo. No sé si será por la ya finalizada huelga de guionistas, por la falta de ideas en el cine actual o por falta de disposición por mi parte.
Uno va a ver un partido de baloncesto al pabellón de La Casilla y se encuentra con esto a la altura de la cabeza cuando va a los servicios. Un par de splitters de adsl con sus rollos de cable a una altura que molesta y en uno de los puntos por los que más gente pasa de todo el pabellón.